Reinventar pautas, revertir rutinas y escuchar al otro como estrategia pedagógica.

abril 1, 2022
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Por Carolina Pepper*

La filósofa Esther Díaz (2020) escribió hace unos meses el artículo Nostalgia de la carne. Comenta que hay tareas de centauros, refiriéndose al hecho de ser docente y artista a la vez, y señala que se dan situaciones paradójicas, pues se debe moldear una materia sin contar con ella, es decir, “hacemos como qué, pero nos está faltando el qué” (párr. 7).

Esa ausencia a la que se refiere ella es algo de lo que somos intuitivas, pero efectivamente conscientes, debido a las cursadas virtuales; más aún cuando se trata de trabajar con la materia ‘cuerpo’ y este se ve reducido a imágenes, fijas o en movimiento, pero imágenes, finalmente, que están ocupando el lugar de la presencia. A pesar de ello, más que ahondar aquí en la condición ineludible de lo presencial y el convivio en las artes escénicas, y sus variantes pedagógicas, este breve texto se remite al esbozo de ciertas estrategias con las cuales se viene desarrollando un trabajo con, desde y hacia el movimiento de los cuerpos con intencionalidad escénica, proveniente de la acumulación de experiencias en cruce, entre la práctica del arte y la docencia.

Una primera consideración, trazada ya desde el syllabus como primera herramienta, es la del uso del campus virtual como entorno de aprendizaje, así como las sesiones vía Zoom, la mensajería instantánea, las tutorías y el registro audiovisual de las clases; con el fin de prevenir y solventar ausencias justificadas o fallas tecnológicas. Para el caso, y como un primer ejemplo, se recurrió a la herramienta de cápsula sonora, o pódcast, para la ejecución asincrónica de una práctica guiada de técnica de improvisación para la danza, a través de la cual el/la estudiante pudiera recurrir a la sesión en el momento más apropiado —según el entorno espacial, acústico, etc.— dentro de su particularidad domiciliar.

Una vez identificados los primeros insumos y su pertinencia, en tanto que estrategia pedagógica, se revisó la observancia de propósitos: favorecer el entrenamiento creativo y la mejora de habilidades físicas para la escena, tender al trabajo colaborativo, propiciar la autogestión de saberes; además de fortalecer espacios de afectos, pues el trabajo escénico piensa en el cuerpo como un todo orgánico en constante acondicionamiento y desarrollo.

Para ejemplificar esta estrategia general desde una maniobra somática, se pidió al estudiantado identificar con colores el cuerpo-territorio que, representado como un mapa, daba cuenta de los lugares en/con los que sentimos o creemos sentir ciertas emociones, para identificarlas luego como un nuevo motor de movimiento. Danzar lo que ‘me gusta’ de mi cuerpo y danzar lo que ‘no me gusta’ de mi cuerpo son variables de esta idea, puesto que se evidencian las relaciones con el propio cuerpo y la manera de vincular ciertas zonas entre sí; además de las tonalidades que adquiere la energía que se volcará en el territorio-escena.

Por su parte, la creatividad, tan habitual como esencial en la práctica del quehacer escénico, se muestra aquí como promotora del reciclaje de la experiencia previa y del bagaje proporcionado por cada estudiante; esto a partir de pautas que asientan aleatoriamente el dónde y cómo escribir en el espacio, haciendo uso del cuerpo. Cabe señalar que estos talleres abordan al grupo de modo horizontal, desde el constructivismo, como base y con la colaboración y empatía de los cuerpos mismos, y que, siendo la creatividad una herramienta cardinal, y dadas las condiciones actuales de aislamiento, se debieron reinventar las pautas usuales de exploración grupal planteadas desde la cátedra, así como se revertieron algunas rutinas domiciliares personales, en el caso del estudiantado.

Este trabajo se complementó con reflexiones sobre lo corporal y sus posibles miradas antropológicas, políticas, históricas y estéticas, las cuales se vieron acompañadas de diversos textos, leídos en conjunto, ampliados en conceptos, y graficados con anécdotas, comentarios al margen y con videos que explicaban o servían de paradigma para el tema tratado. En este sentido, una recopilación de audiovisuales, con énfasis en la danza para la cámara, se ha procurado desde el 2011 con el proyecto Kines, que es curado por quien suscribe y al que se le otorga un espacio esencial dentro de esta cátedra, dadas las ventajas del audiovisual como herramienta pedagógica.

A pesar de todas las posibles adaptaciones circunstanciales, se mantiene en firme la convicción de que se puede hallar material importante de estudio, tanto en la contingencia como en el error, o en la emoción como en la fisicalidad, trabajando regularmente desde el juego consciente y haciendo una inmersión en lo cotidiano desde una mirada filosófica que nos permita reconocernos en el contexto del recambio paradigmático que estamos viviendo.

Como artista-docente que trabaja con y desde el movimiento, surge la invitación a problematizar la formación tradicional universitaria y los modos de vincular saberes, proponiendo un abordaje activo, profundo y creativo que no relegue el componente afectivo, pues en tiempos de distanciamiento físico, que es además ‘distanciamiento social’, este solo puede compensarse desde los espacios habituales de discusión, convertidos también en espacios de escucha.

Referencias

Díaz, E. (15 de mayo de 2020). Nostalgia de la carne. Página 12. https://bit.ly/2OOWNqD

* Bailarina, coreógrafa y comunicadora. Especialidad en Tendencias Contemporáneas de la Danza de la Universidad Nacional de las Artes (Argentina). Docente en la Universidad Casa Grande (UCG) y la Universidad de las Artes (UArtes).

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